Difícil de encontrar, imposible de olvidar
Hacía varios días que intentábamos contactarlo. Su hija y su nieta nos habían advertido que sería una odisea ubicarlo, porque el señor Juan "se la pasa en la calle". Finalmente, un mediodía lo encontramos en su taller, rodeado de motores, herramientas y una camioneta Chevrolet que acababa de poner en marcha él mismo.
Con una sonrisa y la humildad de quien ha vivido intensamente, Juan nos abrió las puertas de su historia: desde su infancia trabajadora, su amor eterno con Mirta Fiorentino, hasta su lucha diaria tras la amputación de su pierna.
Infancia de esfuerzo y sueños grandes
"A los ocho años araba con seis caballos y un arado de dos rejas de 14 pulgadas -recuerda Juan-. Me gustaba hacer cosas, aprender. Una vez el arado se me disparó y me llevó a todo galope. Mi mamá me gritaba desde el rancho: '¡Tirate!'... y le hice caso."
A los 12 años ya trabajaba en el galpón de transporte de hacienda García-Quiñones. "Ganaba 50 pesos, moneda nacional. Primero medio día, después completo. Y ahí el sueldo subió a 100."
El inicio de una vida de trabajo
Su padre, amigo de la familia Grimozzi, lo recomendó para trabajar en su taller. "Era enorme. Al mes ya ganaba 440 pesos. Me acuerdo que salí corriendo a comprarme un traje Suixtil de ÑARO por 240 pesos. Todavía existe esa marca."
A los 20 años le tocó el servicio militar en Azul. Para entonces, junto a su hermano Carlos ya habían comprado el terreno donde hoy se levanta su histórico taller. "Voté por primera vez a Mosse y a Frondizi -dice con orgullo-. ¡El mejor presidente que tuvo la Argentina!"
El amor de su vida: Mirta Fiorentino
"Cuando volví del servicio conocí a Mirta en Benito Juárez. Era hermosa. Vivía en Buenos Aires, pero venía con su familia. Su mamá, Ofelia Málaga, trabajaba de cocinera en la cabaña Tres Marías. Un día, Mirta decidió casarse... y fue conmigo."
En 1967 se casaron, y al año siguiente nació su primera hija, Alejandra -"Kati"-, luego Claudia, Carolina y por último "Chiche". "Trabajé once años en la firma Néstor Madero. Hoy tengo 11 nietos y 3 bisnietos. Una vida llena."
El taller: su lugar en el mundo
"El taller lo empezamos con mi hermano. Primero compramos el terreno, después hicimos el galpón. Detrás pusimos la venta de repuestos. Todos los viajantes nos decían que la pongamos adelante, pero no quise."
Con los años, sumaron un nuevo galpón con fosa, y el trabajo creció. "Andrea hace 38 años que está con nosotros. Es una de las que más sabe." Hoy, su hijo "Chiche" se dedica a las instalaciones de GNC, mientras Juan continúa con los motores.
Dolor, superación y coraje
En 2010 perdió a su esposa Mirta. Lo recuerda con emoción y lágrimas en los ojos. "Fue un dolor enorme. Después vino mi problema de salud. Me operaron de los meniscos, y mi cuerpo rechazó tres prótesis. Pasé ocho meses internado en Tandil. Sentí mucho dolor, pero seguí adelante."
En 2014 le amputaron la pierna. Sin embargo, lejos de rendirse, Juan se adaptó, y hoy recorre las calles de Juárez en su silla eléctrica. "Voy por el medio de la calle porque por el borde puedo caerme. Falta accesibilidad: en la Cooperativa no hay rampa ni cinta antideslizante, y en el hospital el baño de la guardia no está preparado."
Respeto y cariño del pueblo
"La gente me respeta mucho -cuenta-. Los conductores me dan paso, pasan despacio. Juan Alonso me regaló una linterna para la cabeza y un equipo de lluvia. Y sí, me retan por andar en la calle, pero me gusta. Me siento libre."
Su nieta Catalina, que lo acompañó durante la entrevista, sonríe y aclara: "Muchos dicen que lo dejamos solo, pero no es así. Es renegado... no nos hace caso".
El motor de su vida sigue encendido
"Terminé de armar una Chevrolet C10. Me paro en una pierna y hago cosas. Le armé el auto a Catalina, puse el motor solo, me desgarré... pero acá sigo."
Juan Olsen, con 85 años, es más que un mecánico. Es una lección viviente de esfuerzo, humildad y amor por la vida.
Un ejemplo de que los años no detienen a quien tiene el corazón lleno de ganas.
Fuente: https://www.elfenixdigital.com/




