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La increible vida de la autora de Harry Potter

Todo empezó bien para J.K. Rowling, que creció rodeada de libros y desde muy pequeña le encantaba escribir e inventar historias. Años después, se licenció en francés por la Universidad de Exeter y se convirtió en secretaria bilingüe, el sueño de sus padres.


Sin embargo, fue despedida por descuidar algunas de sus obligaciones laborales para dedicarse a escribir sus historias .

Fue durante un viaje en tren a Londres en 1990 cuando Rowling tuvo su mejor idea : el pequeño mago Harry Potter . Sin embargo, a finales de ese mismo año falleció su madre y, muy apenada, se mudó a la ciudad de Oporto, en Portugal, donde comenzó a dar clases de inglés .

Fue allí donde la autora finalmente comenzó a organizar y escribir «Harry Potter y la piedra filosofal» ; por esa misma época, se casó y tuvo su primera hija. La difícil relación no duró mucho, lo que la llevó a mudarse a Escocia.

Separada de su familia, deprimida, con una hija pequeña y sin trabajo, J.K. Rowling dependió durante mucho tiempo de la ayuda gubernamental para sobrevivir. Aun así, nunca renunció a su gran sueño y siguió escribiendo el libro mientras su hija dormía.

Tras terminarlo, envió manuscritos a varias editoriales diferentes sin éxito, hasta que finalmente fue aceptada por Bloomsbury Press en 1997.

A partir de entonces, la escritora tuvo lo necesario para alcanzar el éxito que conocemos : una obra superventas , traducida a nivel mundial y adaptada al cine, otro gran éxito.

Rowling ha recibido cientos de premios y la revista Forbes la nombró la primera persona en la historia en convertirse en multimillonaria escribiendo libros .

Hoy en día, la autora no figura en la lista de multimillonarios de Forbes únicamente porque donó una gran parte de su fortuna a obras de caridad.

Sin embargo, sigue siendo una de las mujeres más ricas del mundo y continúa inspirando a muchas personas con su historia de vida, que es tan cinematográfica como la ficción que la hizo famosa y exitosa.

Fuente: Leído y copiado de Quora

Elsa Punset: "Hay que disfrutar de las pequeñas cosas y encontrar el placer en lo sencillo"

Elsa Punset, sobre las heridas de la infancia: "La peor carga para los niños es la vida no vivida de los padres"

Elsa Punset, escritora: "Saber no es lo mismo que cambiar. Porque al final lo que nos define no es solo lo que sabemos, sino lo que hacemos cada día"



Elsa Punset, filósofa y escritora, ha compartido recientemente en su cuenta de Instagram su charla en el programa 'Mentalidad Seiko' en la que habla de la importancia de las pequeñas cosas del día a día para alcanzar la felicidad.

"El cerebro humano tiene tres niveles básicos de acceso al placer: el propio placer, la alegría y lo retrospectivo. Este último es lo que conocemos como felicidad, muy a menudo la felicidad es pensar en cosas que has hecho que a lo mejor en el momento no te han dado alegría pero, al pensar en ellas después, sí lo hacen", explica Elsa Punset.

Sobre esto pone como ejemplo la crianza de los hijos, algo que la experta define como "agotador" y en la que los padres bajan su nivel de satisfacción con la vida: "¿Cuándo se sienten felices por tener hijos? Cuando están dormiditos o cuando ya son mayores y echas la vista atrás y dices que te ha merecido la pena todo ese esfuerzo. Eso es la felicidad".

"Esta sociedad está obsesionada con el placer, que es lo fácil. Es una sociedad donde vamos a lo fácil, el placer es repetitivo y adictivo. Todo el tiempo estamos con adicciones a algo: a la comida, a la redes...", explica y argumenta Elsa Punset.


Y es que muchas veces dejamos de prestar atención y de disfrutar de esas pequeñas cosas de la vida como pueden ser el olor a café recién hecho o un rayo de sol que nos da en la piel en un día de frío: "Hay una cosa con el cerebro que es la habituación hedonística que hace que te acostumbres a las cosas buenas", introduce la filósofa como concepto para explicar el motivo por el cual a veces nos perdemos disfrutar de las pequeñas cosas.

"El cerebro deja de darle importancia a estas cosas y se va apagando el brillo. Yo creo que las personas a las que les falta un sentido se van entrenando a sí mismas para, por lo menos, no perder los otros sentidos", concluye Elsa Punset en su charla.

Fuente: elconfidencial.com

Paulo Coelho: «Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida»

El escritor brasileño de 78 años, convirtió esta idea en una de las enseñanzas más reconocibles de 'El Alquimista'.

«Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida». Paulo Coelho plantea con esta reflexión una cuestión aparentemente sencilla, pero profundamente relacionada con nuestra forma de experimentar el día a día. La frase aparece vinculada a El Alquimista, una de las obras más conocidas del escritor brasileño, y resume uno de los grandes mensajes de la novela, que habla de la importancia de permanecer atento a las oportunidades, los pequeños acontecimientos y las señales que aparecen mientras avanzamos por la vida.

Cuando la rutina lo ocupa todo

Hay etapas en las que los días parecen repetirse sin ninguna diferencia. Levantarse, trabajar, cumplir obligaciones, volver a casa y repetir el mismo proceso puede generar la sensación de que nada cambia. Sin embargo, la reflexión de Coelho propone otra interpretación, ya que quizá el problema no esté únicamente en lo que ocurre, sino en aquello que dejamos de observar.

Una conversación inesperada, una oportunidad profesional, una persona que aparece en nuestro camino o incluso un momento de tranquilidad pueden pasar inadvertidos cuando la atención está concentrada exclusivamente en las obligaciones. La rutina puede convertirse así en una especie de filtro que hace que experiencias diferentes parezcan idénticas.

Una enseñanza de ‘El Alquimista’

La frase está relacionada directamente con El Alquimista, novela publicada por Paulo Coelho en 1988 y protagonizada por Santiago, un joven pastor que emprende un viaje para encontrar un tesoro. La obra utiliza ese recorrido como una búsqueda mucho más amplia, que habla de la necesidad de descubrir qué queremos realmente y atrevernos a perseguirlo.

El libro se convirtió en un fenómeno editorial internacional y consolidó a Coelho como uno de los autores brasileños más conocidos. La Fundación Paulo Coelho señala que el escritor comenzó a interesarse por la literatura desde muy joven y que su trayectoria estuvo marcada por una búsqueda personal y espiritual que posteriormente trasladó a numerosas obras.

La felicidad también está en lo pequeño

Una de las claves de esta reflexión consiste en no asociar la felicidad únicamente con los grandes acontecimientos. Conseguir un trabajo, viajar, enamorarse o alcanzar un objetivo pueden producir una enorme satisfacción, pero la vida cotidiana está formada principalmente por momentos mucho más pequeños.

La frase invita a recuperar precisamente esa capacidad de prestar atención. Un día puede parecer idéntico al anterior cuando dejamos de valorar lo que ocurre dentro de él. Cambiar la mirada no significa negar los problemas, sino reconocer que incluso durante una etapa rutinaria pueden existir experiencias capaces de aportar significado.

Leído y copiado de okdiario.com

Por qué el dolor es bueno: la lógica matemático-religiosa de George Boole

George Boole, uno de los grandes matemáticos de la historia, desarrolló una lógica que anticipó los sistemas binarios de la computación, pero también su propia teodicea


A mediados del siglo XIX, el matemático George Boole escuchó la voz de Dios. Mientras cruzaba un campo cerca de su casa en Inglaterra, tuvo una experiencia mística y llegó a creer que descubriría las reglas subyacentes del pensamiento humano. Hijo de un pobre zapatero, Boole fue un niño prodigio que se enseñó a sí mismo cálculo y trabajó como maestro de escuela en Doncaster hasta que uno de sus artículos le valió una medalla de oro de la Royal Society y le aseguró una oferta para convertirse en el primer profesor de matemáticas en el Queen’s College, Cork, en Irlanda. Bajo los auspicios de una universidad, y relativamente libre de las dificultades económicas que había soportado durante tanto tiempo, pudo dedicarse casi por completo a sus pasiones por primera vez, y pronto logró algo único: unió las matemáticas y la lógica en un sistema que cambiaría el mundo.

Antes de Boole, las disciplinas de la lógica y las matemáticas se habían desarrollado de forma bastante separada durante más de mil años. Su nueva lógica funcionaba con solo dos valores: verdadero y falso, y con ella no solo podía hacer matemáticas, sino también analizar declaraciones y proposiciones filosóficas para determinar su veracidad o falsedad. Boole aplicó su nuevo tipo de lógica a algo que, para él, un hombre profundamente religioso, era una necesidad espiritual: demostrar que Dios era incapaz de hacer el mal.

En una nota manuscrita que tituló "Origen del Mal", Boole sometió cuatro premisas básicas a análisis utilizando los principios de su lógica:

Si Dios es omnipotente, todas las cosas deben ocurrir de acuerdo con su voluntad, y viceversa.

Si Dios es perfectamente bueno, y si todas las cosas ocurren de acuerdo con su voluntad, el mal absoluto no existe.

Si Dios fuera omnipotente, y si la benevolencia fuera el único principio de su conducta, o el dolor no existiría, o existiría únicamente como un instrumento de bien.

El dolor existe.

Así que, como el dolor existe y Dios existe, el dolor debe ser parte de un plan divino, algo que da propósito al mundo. Encontramos aquí una intersección única entre la lógica y la pasión religiosa.

Desde esta perspectiva, el dolor podría ser visto como una herramienta para el crecimiento, la refinación o el desarrollo moral, alineándose con la noción de que Dios, siendo omnibenevolente, permite la existencia del dolor no como un castigo, sino como un elemento necesario en el desarrollo de un bien mayor. Esta visión requiere una fe profunda, acaso con ecos estoicos, en la idea de que todas las experiencias, incluso las más dolorosas, tienen un significado y contribuyen a una armonía divina más amplia que puede estar más allá de la comprensión humana. Entender el dolor de esta manera invita a reexaminar las nociones tradicionales del sufrimiento y desafía a los creyentes a confiar en un propósito benevolente detrás de cada aspecto de la existencia, incluso aquellos que parecen más difíciles de soportar.

Fuente: pijamasurf

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La vida humana, milagro divino que no se explica por medio de la ciencia

En fecha reciente me contaba un amigo el caso de un colega suyo, Doctor en Matemáticas también. Ambos realizaron juntos sus estudios de posgrado en una reconocida universidad en Estados Unidos. Fue una oportunidad para que entablaran una estrecha amistad.

Recuerda que su colega destacaba sobre todos los demás compañeros por su inteligencia, su agilidad mental y agudeza intelectual. Su tesis doctoral, más que notable, fue brillante.

Como es lógico, ha tenido importantes trabajos en diversas empresas. Su amistad se ha mantenido a lo largo de los años porque mutuamente se entienden bastante bien. Se siguen frecuentando, se intercambian libros y ensayos de actualidad sobre Matemáticas. Los matrimonios asisten juntos a reuniones sociales. Casi en todos los temas sobre los que cambiaban impresiones, solían coincidir. Pero había un punto en donde disentían radicalmente. Mi amigo es católico y su colega se declaraba ateo, incluso todavía más: anticlerical.

Con cierta frecuencia, el colega le lanzaba puyas y críticas por determinados aspectos de la Iglesia católica, del Papa, del Credo (o depósito de la fe) y de la moral cristiana.

Mi amigo dice que por mucho tiempo había tratado de explicarle numerosos aspectos de la religión, le proporcionaba libros formativos sobre principios fundamentales de Teología, cambiaban impresiones, procuraba aclararle sus dudas, pero ¡nada!…

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Aquel colega continuaba declarándose completamente ateo, ni siquiera agnóstico, que creen en su Ser Supremo Creador pero consideran que no tiene ninguna intervención con la vida cotidiana de sus criaturas en la tierra.Así las cosas, un día la esposa del colega le informó que estaba embarazada. Con su positiva curiosidad de científico, se puso a investigar sobre el proceso que sigue el ser humano desde que el óvulo es fecundado y las sucesivas etapas por las que va evolucionando dentro del vientre de la madre.

A medida que se adentraba en el estudio del embrión, no salía de su asombro sobre el maravilloso orden y desarrollo de esa pequeña persona en sus facetas anteriores al nacimiento.

Acompañaba a su esposa al ginecólogo y aprovechaba para preguntarle al especialista muchas de sus dudas y le planteaba cuestiones que no alcanzaba a comprender. Su admiración fue mayúscula cuando vio por vez primera a su bebé a través del ultrasonido.Cuando nació su criatura, una hermosa nenita, y empezó a observar su crecimiento, sus reacciones y cómo iba desarrollando paulatinamente sus facultades motrices y psíquicas, él continuó estudiando e interesándose cada vez más por los primeros pasos evolutivos de su niña. Cierto día, este matemático buscó a mi amigo, quien se había ausentado por cinco años para realizar varios trabajos de investigación y dar clases en una universidad de Inglaterra. En cuanto regresó, su colega lo buscó para verse, porque —le comunicó— tenía un asunto importante qué conversar con él. Cuando lo recibió en su casa y se sentaron a platicar, el colega le confió:

Con ocasión del embarazo de mi esposa y el nacimiento de mi niña, he sido testigo de un auténtico milagro: la vida humana. ¡Ya creo en Dios! Porque no es posible que de la unión de un espermatozoide y un óvulo resulte algo tan sorprendente, complejo y maravilloso como un ser humano. He estudiado a fondo toda la evolución que tienen los embriones, y luego, cuando nace el bebé y continúa su desarrollo. Y he llegado a la conclusión que debe de haber una inteligencia superior, una mente ordenadora que va dirigiendo el crecimiento hasta la última célula del organismo. Se trata de una obra maestra y perfecta. Y esto no se comprende sin la existencia de Dios, concluyó esbozando una amplia sonrisa de satisfacción por la importante verdad descubierta.

Y mi amigo le respondió: “Me alegra mucho que hayas llegado a esta conclusión porque —además de la fe— también a Dios se le puede conocer a través de su obra creadora. No sólo con la generación de un ser humano, sino también al observar el mundo animal, vegetal, submarino, el impresionante orden del universo y el minúsculo universo de cada célula y cada átomo… Es más, diría que todos los días nos topamos con las obras de Dios, lo que ocurre es que muchas veces los humanos no somos capaces de detenemos a reflexionar y sorprendernos ante su admirable obra creadora.

Raúl Espinoza Aguilera (*)
(*) Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM y maestro en Comunicación por la Universidad de Navarra
Publicado en yucatan.com.mx

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