Elsa Punset: "Hay que disfrutar de las pequeñas cosas y encontrar el placer en lo sencillo"

Elsa Punset, sobre las heridas de la infancia: "La peor carga para los niños es la vida no vivida de los padres"

Elsa Punset, escritora: "Saber no es lo mismo que cambiar. Porque al final lo que nos define no es solo lo que sabemos, sino lo que hacemos cada día"



Elsa Punset, filósofa y escritora, ha compartido recientemente en su cuenta de Instagram su charla en el programa 'Mentalidad Seiko' en la que habla de la importancia de las pequeñas cosas del día a día para alcanzar la felicidad.

"El cerebro humano tiene tres niveles básicos de acceso al placer: el propio placer, la alegría y lo retrospectivo. Este último es lo que conocemos como felicidad, muy a menudo la felicidad es pensar en cosas que has hecho que a lo mejor en el momento no te han dado alegría pero, al pensar en ellas después, sí lo hacen", explica Elsa Punset.

Sobre esto pone como ejemplo la crianza de los hijos, algo que la experta define como "agotador" y en la que los padres bajan su nivel de satisfacción con la vida: "¿Cuándo se sienten felices por tener hijos? Cuando están dormiditos o cuando ya son mayores y echas la vista atrás y dices que te ha merecido la pena todo ese esfuerzo. Eso es la felicidad".

"Esta sociedad está obsesionada con el placer, que es lo fácil. Es una sociedad donde vamos a lo fácil, el placer es repetitivo y adictivo. Todo el tiempo estamos con adicciones a algo: a la comida, a la redes...", explica y argumenta Elsa Punset.


Y es que muchas veces dejamos de prestar atención y de disfrutar de esas pequeñas cosas de la vida como pueden ser el olor a café recién hecho o un rayo de sol que nos da en la piel en un día de frío: "Hay una cosa con el cerebro que es la habituación hedonística que hace que te acostumbres a las cosas buenas", introduce la filósofa como concepto para explicar el motivo por el cual a veces nos perdemos disfrutar de las pequeñas cosas.

"El cerebro deja de darle importancia a estas cosas y se va apagando el brillo. Yo creo que las personas a las que les falta un sentido se van entrenando a sí mismas para, por lo menos, no perder los otros sentidos", concluye Elsa Punset en su charla.

Fuente: elconfidencial.com

Un estudio apunta a un ingrediente inesperado para la felicidad

Mucho se ha hablado de la felicidad y, sobre todo, de su supuesta receta. Incluso hay tradiciones de pensamiento que desconfían de convertirla en la gran meta de la existencia y ponen el acento, más bien, en liberarse del apego, del deseo y del sufrimiento que nace de aferrarse a ellos.


Pero, más allá de esto, cuando la reflexión baja del terreno filosófico a la vida cotidiana y surge la pregunta de qué hace que una vida nos parezca buena, dos respuestas vuelven una y otra vez.

Una es la visión hedónica, que entiende que una buena vida es, esencialmente, aquella en la que abundan las experiencias agradables y escasean las desagradables, así que cuanto mejor nos sentimos, mejor nos va. La otra apuesta por una vida cargada de sentido, una visión más amplia en la que cuentan las relaciones, la competencia o el crecimiento personal.

Ahora, un nuevo estudio no rechaza ninguna de las dos, pero sostiene que ambas dejan algo fuera. Hay una pieza que parece tener un peso propio a la hora de juzgar nuestra vida y que no puede reducirse simplemente a sentirnos bien. Ese factor es la autonomía, es decir, la sensación de poder decidir por uno mismo cómo actuar.

Cómo se estudió la felicidad

La investigación, publicada en The Journal of Positive Psychology y firmada por Jason Payne –investigador postdoctoral del Departamento de Psicología de la Universidad Simon Fraser– junto a Ulrich Schimmack, quería responder algo aparentemente simple. Cuando alguien evalúa si su vida va bien, ¿en qué se fija realmente?

Para averiguarlo, el equipo encuestó a más de 1.200 adultos de Canadá y el Reino Unido, según detalla la Universidad Simon Fraser. Se les preguntó por sus emociones positivas y negativas, por su satisfacción general con la vida y por tres dimensiones vinculadas a la teoría de la autodeterminación. Una tenía que ver con la conexión con los demás, otra con la sensación de ser competente y la tercera con la autonomía, entendida como la percepción de actuar por elección propia y no simplemente porque algo viene impuesto desde fuera.

La autonomía y la satisfacción vital

Tras aplicar modelos estadísticos, apareció primero lo esperable. Sentirse bien o mal seguía estando estrechamente relacionado con la satisfacción vital. La conexión social y la competencia también estaban relacionadas con ella, aunque su peso parecía explicarse en buena medida porque contribuían a que las personas se sintieran mejor. La autonomía, en cambio, mostró un patrón diferente. Su asociación con una mayor satisfacción vital seguía apareciendo incluso al descontar la influencia de las emociones.

"Incluso tras tener en cuenta lo bien o mal que se sentían las personas, aquellas que se sentían más autónomas estaban más satisfechas con sus vidas", resume Payne. La autonomía, añade, "fue la única necesidad psicológica que parece aportar algo que los sentimientos por sí solos no explicaban".

Esa distinción podría ayudar a entender por qué algunas personas consideran satisfactorias etapas especialmente difíciles. En una entrevista con Global News, Payne pone el ejemplo de los padres primerizos. Pueden estar agotados y dormir mal y, aun así, considerar que su vida va bien. No porque el cansancio resulte agradable, sino porque esas circunstancias proceden de una decisión que reconocen como propia.

Placer, sentido y libertad

Con todo, los autores insisten en que esto no resta valor al placer, ya que las emociones siguen explicando buena parte de cómo evaluamos nuestra vida. Lo que proponen, más bien, es que ni la visión puramente hedonista –más placer, menos dolor– ni la eudaimónica –una vida con propósito y buenas relaciones– bastan por sí solas.

En ese sentido, las personas parecen combinar ambas miradas, pero la autonomía aporta un ingrediente con un peso particular. No porque quede fuera de esas concepciones de la buena vida, sino porque fue el único de los factores analizados cuya relación con la satisfacción vital no parecía explicarse simplemente por cómo se sentían las personas.

Payne admite, de hecho, que fue precisamente ese margen –el hecho de que la gente no fuera únicamente hedonista– lo que más le sorprendió del estudio.

Bienestar y políticas públicas

Ese hallazgo tiene, además, una lectura práctica, tanto para la vida cotidiana como para el diseño de políticas públicas. No basta con preguntarse si una medida consigue el efecto positivo que persigue. Payne plantea que, si para lograrlo una medida restringe la capacidad de elección, esa pérdida de autonomía podría contrarrestar parte de sus beneficios y asociarse con una peor valoración de la vida en conjunto.

Pone como ejemplo el uso obligatorio de mascarillas durante la pandemia. Aunque respondiera a un bien colectivo, el hecho de imponerlo pudo alimentar el rechazo precisamente por chocar con la necesidad de autonomía de las personas.

De ahí la recomendación de Payne, tanto para quienes diseñan políticas como para quienes conviven con otros –hijos, parejas, empleados o miembros de una comunidad–: en lugar de centrarse únicamente en hacer que los demás se sientan mejor, puede ser más valioso dejarles margen para tomar sus propias decisiones.

Esa conclusión, sin embargo, debe tomarse con cierta cautela. El estudio se realizó únicamente con participantes de contextos occidentales y anglófonos, una limitación que los propios autores reconocen. Queda por ver, por tanto, si el mismo patrón aparece también en otras culturas.

Aun con esa cautela, la idea que deja la investigación es sugerente. Quizá una vida no se mida solo por cuánto placer ofrece o cuánto sentido encierra, sino también por hasta qué punto sentimos que somos nosotros quienes la estamos eligiendo.

Fuente: DW

Amigo de Bruce Willis reveló cómo vive el actor con demencia y dio detalles

Kevin Pollak habló sobre la enfermedad del actor y reveló cómo transcurren sus días acompañado de su familia.


El estado de salud de Bruce Willis volvió a generar atención después de que Kevin Pollak, uno de sus amigos cercanos en Hollywood, compartiera detalles sobre la vida del actor, diagnosticado con demencia frontotemporal en febrero de 2023.

Durante una entrevista con Steve Kmetko en el podcast 'Still Here Hollywood', Pollak explicó cómo atraviesa Willis su enfermedad y destacó el acompañamiento que recibe de sus familiares.

Según informó 'TN', el actor de Los sospechosos de siempre aseguró que su amigo permanece rodeado de afecto y se refirió a la manera en que percibe su condición médica.

"Está junto a su familia y, debido a la naturaleza de su afección, no es consciente de que tiene un problema", afirmó Pollak.

Qué reveló Kevin Pollak sobre el estado de salud de Bruce Willis

Pollak aseguró que Willis recibe constantemente muestras de cariño de sus seres queridos. También describió cómo percibe el estado emocional de su amigo durante esta etapa.
"Él vive en una burbuja de amor y cariño. De una manera muy extraña y única, es más feliz que nunca. Es desgarrador. Así que, en lugar de llorar, me río de la dulce y simple ironía de un hombre tan fuerte y lleno de vida", expresó.

Durante la conversación, Pollak recordó algunas experiencias compartidas con Willis y destacó la atención que despertaba su presencia en diferentes espacios públicos.
"A veces sentía que estaba al lado de Elvis Presley", comentó al recordar el impacto que generaba su amigo.

También aseguró que, pese a haber compartido espacios con numerosas figuras del entretenimiento, Willis tenía una personalidad particular. "Siempre estuve cerca de muchas grandes estrellas a lo largo de los años. El magnetismo de Bruce era inigualable", señaló.

Qué enfermedad tiene Bruce Willis y cuándo fue diagnosticado

Bruce Willis fue diagnosticado con demencia frontotemporal en febrero de 2023. Se trata de una enfermedad neurodegenerativa que puede afectar progresivamente el comportamiento, el lenguaje y otras funciones cognitivas.

Desde que se conoció su diagnóstico, diferentes integrantes de su familia han compartido públicamente algunos aspectos de su vida cotidiana y los cambios que han experimentado durante el proceso.

Rumer Willis, hija del actor y de Demi Moore, también ha hablado sobre las dificultades emocionales que representa acompañar a su padre durante la enfermedad.
En agosto, la actriz publicó un video en sus redes sociales en el que reconoció que extraña aspectos de la personalidad de su padre, aunque intenta concentrarse en los momentos que todavía pueden compartir.

"Extraño mucho a mi papá. Extraño una versión diferente de él. Hay días muy duros. Intento priorizar estar presente en el momento en que se encuentra. La verdad es que ser fuerte implica aprender a lidiar con ambas cosas a la vez", manifestó.

En otra entrevista con la revista 'People', Rumer explicó que su padre todavía demuestra afecto cuando recibe visitas familiares, especialmente cuando comparte tiempo con ella y su nieta Louetta.

"Cuando lo veo, nos ve a mí y a mi hija Louetta y empieza a sonreír. Hay tanto amor, alegría y ternura que aún perduran. Y en ese sentido, diría que es un gran logro", relató.
Los testimonios de Pollak y Rumer permiten conocer cómo la familia y los amigos cercanos acompañan a Willis desde que fue diagnosticado con demencia frontotemporal.

*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y una editora.

Que opinas de esta nota? y la situación en la vida del famoso actor?

Leído y copiado de: eltiempo.com