Juan Olsen: un ejemplo de vida, fortaleza y pasión por lo que ama

Argentina.- A sus 85 años, Juan Olsen sigue siendo una muestra viva de que cuando hay voluntad, no hay límites. Entre motores, recuerdos y anécdotas, este juarense demuestra cada día que la vida se enfrenta con trabajo, amor y coraje.


Difícil de encontrar, imposible de olvidar

Hacía varios días que intentábamos contactarlo. Su hija y su nieta nos habían advertido que sería una odisea ubicarlo, porque el señor Juan "se la pasa en la calle". Finalmente, un mediodía lo encontramos en su taller, rodeado de motores, herramientas y una camioneta Chevrolet que acababa de poner en marcha él mismo.

Con una sonrisa y la humildad de quien ha vivido intensamente, Juan nos abrió las puertas de su historia: desde su infancia trabajadora, su amor eterno con Mirta Fiorentino, hasta su lucha diaria tras la amputación de su pierna.

Infancia de esfuerzo y sueños grandes

"A los ocho años araba con seis caballos y un arado de dos rejas de 14 pulgadas -recuerda Juan-. Me gustaba hacer cosas, aprender. Una vez el arado se me disparó y me llevó a todo galope. Mi mamá me gritaba desde el rancho: '¡Tirate!'... y le hice caso."

A los 12 años ya trabajaba en el galpón de transporte de hacienda García-Quiñones. "Ganaba 50 pesos, moneda nacional. Primero medio día, después completo. Y ahí el sueldo subió a 100."

El inicio de una vida de trabajo

Su padre, amigo de la familia Grimozzi, lo recomendó para trabajar en su taller. "Era enorme. Al mes ya ganaba 440 pesos. Me acuerdo que salí corriendo a comprarme un traje Suixtil de ÑARO por 240 pesos. Todavía existe esa marca."

A los 20 años le tocó el servicio militar en Azul. Para entonces, junto a su hermano Carlos ya habían comprado el terreno donde hoy se levanta su histórico taller. "Voté por primera vez a Mosse y a Frondizi -dice con orgullo-. ¡El mejor presidente que tuvo la Argentina!"

El amor de su vida: Mirta Fiorentino


"Cuando volví del servicio conocí a Mirta en Benito Juárez. Era hermosa. Vivía en Buenos Aires, pero venía con su familia. Su mamá, Ofelia Málaga, trabajaba de cocinera en la cabaña Tres Marías. Un día, Mirta decidió casarse... y fue conmigo."

En 1967 se casaron, y al año siguiente nació su primera hija, Alejandra -"Kati"-, luego Claudia, Carolina y por último "Chiche". "Trabajé once años en la firma Néstor Madero. Hoy tengo 11 nietos y 3 bisnietos. Una vida llena."

El taller: su lugar en el mundo


"El taller lo empezamos con mi hermano. Primero compramos el terreno, después hicimos el galpón. Detrás pusimos la venta de repuestos. Todos los viajantes nos decían que la pongamos adelante, pero no quise."

Con los años, sumaron un nuevo galpón con fosa, y el trabajo creció. "Andrea hace 38 años que está con nosotros. Es una de las que más sabe." Hoy, su hijo "Chiche" se dedica a las instalaciones de GNC, mientras Juan continúa con los motores.

Dolor, superación y coraje

En 2010 perdió a su esposa Mirta. Lo recuerda con emoción y lágrimas en los ojos. "Fue un dolor enorme. Después vino mi problema de salud. Me operaron de los meniscos, y mi cuerpo rechazó tres prótesis. Pasé ocho meses internado en Tandil. Sentí mucho dolor, pero seguí adelante."

En 2014 le amputaron la pierna. Sin embargo, lejos de rendirse, Juan se adaptó, y hoy recorre las calles de Juárez en su silla eléctrica. "Voy por el medio de la calle porque por el borde puedo caerme. Falta accesibilidad: en la Cooperativa no hay rampa ni cinta antideslizante, y en el hospital el baño de la guardia no está preparado."

Respeto y cariño del pueblo

"La gente me respeta mucho -cuenta-. Los conductores me dan paso, pasan despacio. Juan Alonso me regaló una linterna para la cabeza y un equipo de lluvia. Y sí, me retan por andar en la calle, pero me gusta. Me siento libre."

Su nieta Catalina, que lo acompañó durante la entrevista, sonríe y aclara: "Muchos dicen que lo dejamos solo, pero no es así. Es renegado... no nos hace caso".

El motor de su vida sigue encendido

"Terminé de armar una Chevrolet C10. Me paro en una pierna y hago cosas. Le armé el auto a Catalina, puse el motor solo, me desgarré... pero acá sigo."

Juan Olsen, con 85 años, es más que un mecánico. Es una lección viviente de esfuerzo, humildad y amor por la vida.

Un ejemplo de que los años no detienen a quien tiene el corazón lleno de ganas.

Fuente: https://www.elfenixdigital.com/

Mozart, el niño prodigio que cambió para siempre la historia

Mozart dejó Salzburgo en busca de libertad artística y consolidó un legado operístico que culminó con el enigma del Réquiem.

Desde pequeño Wolfgang Amadeus Mozart fue percibido como un fenómeno musical. Su padre, Leopold, llegó a decir: “El milagro que Dios quiso que naciera en Salzburgo”. Leopold, violinista y pedagogo, impulsó la educación del chico y organizó giras por Europa para mostrar su virtuosismo, alimentando la leyenda que acompañó al compositor toda su vida.

El niño prodigio

Desde los tres años tocaba el clavicordio y a los cinco ya bosquejaba un concierto. Sus capacidades iban más allá de la técnica: improvisaba instantáneamente, recreaba variaciones sin ensayo y, a veces, ejecutaba piezas con el teclado cubierto o de espaldas. También destacaba como violinista, demostrando una polivalencia que sorprendía a la Europa ilustrada.

En Nápoles lo confundieron con un truco cuando tocó en el Conservatorio de la Pietà; la sospecha se disipó al quitarse un anillo. Y en Roma, con catorce años, escuchó el Miserere de Allegri una sola vez y lo transcribió de memoria, incluida la ornamentación coral. Fue una muestra extraordinaria de memoria y oído musical.

Mozart, de Salzburgo a Viena

Aunque Leopold fue quien abrió puertas, también hubo críticas por explotar a los niños: “Mis hijos están muy acostumbrados al trabajo”. Las giras exhaustivas enfermaron a Mozart en ocasiones. Ya adolescente, su temperamento chocó con el arzobispo de Salzburgo y, buscando libertad artística, decidió finalmente abandonar la ciudad para probar suerte como músico independiente.

En salidas posteriores quedó impresionado por la orquesta de Mannheim y viajó a París en busca de estabilidad, pero fue un período difícil: desaires en salones, falta de pagos y la muerte de su madre en un modesto alojamiento. A su regreso, las tensiones con Colloredo se agudizaron y él optó por instalarse en Viena.

En Viena estrenó El rapto del serrallo en 1782 y logró reconocimiento. Se casó con Constanze y entabló amistad con Haydn. Con Lorenzo da Ponte creó óperas como Las bodas de Fígaro y Don Giovanni. Recordó: “La sala estaba abarrotada, y aunque yo había abandonado el escenario los aplausos no cesaban, así que me vi obligado a repetir el rondó”.

Fuente: radiomitre

Cuento: La mujer que desarrolló una enfermedad de piel

Un hombre se casó con una chica guapa. La quería mucho. Un día, la mujer desarrolló una fea enfermedad de la piel. Poco a poco empezó a perder su belleza. Sucedió que un día su marido se fue de viaje por trabajo. A la vuelta tuvo un accidente y perdió la vista. Sin embargo, su vida matrimonial siguió como de costumbre. 

Pero con el paso de los días, la mujer fue perdiendo poco a poco su belleza. El marido, ciego, no podía saberlo y su vida matrimonial continuó sin ningún cambio. Él siguió amándola y ella también lo amaba mucho. Un día, la mujer murió. Su muerte causó al hombre un dolor tan grande que decidió abandonar su ciudad una vez terminados los últimos ritos funerarios.

Un amigo común llamó al hombre por detrás y le dijo: ¿Cómo vas a caminar ahora solo? Todos estos días tu mujer te ayudaba. El hombre respondió: No soy ciego. Estaba fingiendo porque, si ella hubiera sabido que yo podía ver el estado de su piel debido a la enfermedad, le habría dolido más que la propia enfermedad. No la amaba solo por su belleza, me enamoré de su naturaleza cariñosa y atenta. Por eso fingí ser ciego. Solo quería hacerla feliz.

Moraleja: cuando realmente amas a alguien, harás todo lo posible para hacer feliz a tu ser querido y, a veces, es bueno actuar a ciegas e ignorar los defectos mutuos para ser felices. La belleza se desvanecerá con el tiempo, pero el corazón y el alma siempre serán los mismos. Ama a la persona por lo que es por dentro, no por fuera.

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