Mozart, el niño prodigio que cambió para siempre la historia

Mozart dejó Salzburgo en busca de libertad artística y consolidó un legado operístico que culminó con el enigma del Réquiem.

Desde pequeño Wolfgang Amadeus Mozart fue percibido como un fenómeno musical. Su padre, Leopold, llegó a decir: “El milagro que Dios quiso que naciera en Salzburgo”. Leopold, violinista y pedagogo, impulsó la educación del chico y organizó giras por Europa para mostrar su virtuosismo, alimentando la leyenda que acompañó al compositor toda su vida.

El niño prodigio

Desde los tres años tocaba el clavicordio y a los cinco ya bosquejaba un concierto. Sus capacidades iban más allá de la técnica: improvisaba instantáneamente, recreaba variaciones sin ensayo y, a veces, ejecutaba piezas con el teclado cubierto o de espaldas. También destacaba como violinista, demostrando una polivalencia que sorprendía a la Europa ilustrada.

En Nápoles lo confundieron con un truco cuando tocó en el Conservatorio de la Pietà; la sospecha se disipó al quitarse un anillo. Y en Roma, con catorce años, escuchó el Miserere de Allegri una sola vez y lo transcribió de memoria, incluida la ornamentación coral. Fue una muestra extraordinaria de memoria y oído musical.

Mozart, de Salzburgo a Viena

Aunque Leopold fue quien abrió puertas, también hubo críticas por explotar a los niños: “Mis hijos están muy acostumbrados al trabajo”. Las giras exhaustivas enfermaron a Mozart en ocasiones. Ya adolescente, su temperamento chocó con el arzobispo de Salzburgo y, buscando libertad artística, decidió finalmente abandonar la ciudad para probar suerte como músico independiente.

En salidas posteriores quedó impresionado por la orquesta de Mannheim y viajó a París en busca de estabilidad, pero fue un período difícil: desaires en salones, falta de pagos y la muerte de su madre en un modesto alojamiento. A su regreso, las tensiones con Colloredo se agudizaron y él optó por instalarse en Viena.

En Viena estrenó El rapto del serrallo en 1782 y logró reconocimiento. Se casó con Constanze y entabló amistad con Haydn. Con Lorenzo da Ponte creó óperas como Las bodas de Fígaro y Don Giovanni. Recordó: “La sala estaba abarrotada, y aunque yo había abandonado el escenario los aplausos no cesaban, así que me vi obligado a repetir el rondó”.

Fuente: radiomitre

Cuento: La mujer que desarrolló una enfermedad de piel

Un hombre se casó con una chica guapa. La quería mucho. Un día, la mujer desarrolló una fea enfermedad de la piel. Poco a poco empezó a perder su belleza. Sucedió que un día su marido se fue de viaje por trabajo. A la vuelta tuvo un accidente y perdió la vista. Sin embargo, su vida matrimonial siguió como de costumbre. 

Pero con el paso de los días, la mujer fue perdiendo poco a poco su belleza. El marido, ciego, no podía saberlo y su vida matrimonial continuó sin ningún cambio. Él siguió amándola y ella también lo amaba mucho. Un día, la mujer murió. Su muerte causó al hombre un dolor tan grande que decidió abandonar su ciudad una vez terminados los últimos ritos funerarios.

Un amigo común llamó al hombre por detrás y le dijo: ¿Cómo vas a caminar ahora solo? Todos estos días tu mujer te ayudaba. El hombre respondió: No soy ciego. Estaba fingiendo porque, si ella hubiera sabido que yo podía ver el estado de su piel debido a la enfermedad, le habría dolido más que la propia enfermedad. No la amaba solo por su belleza, me enamoré de su naturaleza cariñosa y atenta. Por eso fingí ser ciego. Solo quería hacerla feliz.

Moraleja: cuando realmente amas a alguien, harás todo lo posible para hacer feliz a tu ser querido y, a veces, es bueno actuar a ciegas e ignorar los defectos mutuos para ser felices. La belleza se desvanecerá con el tiempo, pero el corazón y el alma siempre serán los mismos. Ama a la persona por lo que es por dentro, no por fuera.

Leído en redes.

Sabías que.. la capacidad total de memoria del cerebro puede expandirse?

Aquellos de nosotros que no podemos resistirnos a la tentación delos souvenirs turísticos somos grandes fanáticos de las maletas con un compartimento expandible (ese cierre que les permite engordar un 10 o 20 por ciento). Ahora, resulta que la capacidad del cerebro para almacenar nuevos recuerdos también se puede expandir, aunque con limitaciones.

Es lo que han descubierto científicos y colaboradores del Instituto Salk de la Universidad de Texas en Austin y la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda. Sucede que las conexiones en el cerebro no solo se expanden según sea necesario en respuesta a aprender o experimentar cosas nuevas, sino que otras se reducirán como resultado. El trabajo, que podría arrojar luz sobre las condiciones en las que se deteriora la formación de la memoria, como la depresión o la enfermedad de Alzheimer, se conoció en febrero recién pasado.

“El cerebro tiene la capacidad de almacenar una inmensa cantidad
de información en las sinapsis entre las células nerviosas”, dice al respecto
el profesor Terrence Sejnowski, jefe del Laboratorio de Neurobiología
Computacional de Salk y coautor del nuevo artículo. “Entonces, agrega, aunque
ya sabíamos dónde se almacenan los recuerdos, este trabajo ayuda a aclarar cómo se almacenan”.

¿Cómo ocurre? Cada vez que miras algo nuevo o tienes una nueva
idea, millones de células cerebrales se comunican esa información entre sí en
forma de señales eléctricas y químicas a través de pequeñas brechas llamadas
sinapsis. Se sabía que las sinapsis pueden crecer más, es decir, que es más
probable que liberen sustancias químicas (o liberen más cantidad de ellas) para
transmitir mejor la información a las neuronas receptoras. Sin embargo, se
sabía poco acerca de la función normal y las interrupciones en la comunicación
sináptica, la última de las cuales es un sello distintivo de muchas condiciones
neuropsiquiátricas y del deterioro de la memoria.

Previamente, Sejnowski usó reconstrucciones y modelado en 3D para
descubrir que la capacidad de memoria del cerebro es 10 veces mayor de lo que
se había pensado. En el nuevo trabajo, él y sus colaboradores en Texas y Nueva Zelanda decidieron investigar más a fondo la función cerebral mediante la estimulación de una región en los cerebros de roedores (y humanos) importante para la memoria, llamada hipocampo. Esto permitió a los investigadores imitar, bajo condiciones muy controladas, el efecto que una nueva experiencia tendría en una región del cerebro común a los mamíferos.

Los científicos tomaron imágenes de las muestras de cerebro del
hipocampo utilizando microscopía electrónica y analizaron los datos
resultantes. Esperaban ver crecer las sinapsis, lo que se sabe que hacen en un
proceso de aprendizaje conocido como potenciación a largo plazo. Lo que no
esperaban, pero -para sus sorpresa- encontraron, fue que, a medida que algunas
sinapsis se hicieron más grandes, otras se hicieron más pequeñas.

“Es una idea intuitiva que a medida que aprendemos algo nuevo, las
sinapsis se fortalecen y se hacen más grandes”, dice Sejnowski. Entonces, “esto
muestra que hay un equilibrio: algunos se fortalecen, otros se vuelven más
débiles”.

Sejnowski dice que los resultados tienen sentido porque si las
sinapsis solo aumentaran, llegarían a un límite y no se podría almacenar nueva
información, pero esta es la primera vez que se demuestra la conexión entre
expansión y contracción. El trabajo también revela algo trascendente: al
aumentar el rango de tamaños sinápticos, la capacidad de almacenamiento general aumenta. Esto es, se pueden tener más sinapsis, grandes y pequeñas.

Curiosamente, cuando el equipo estimó cuantitativamente cuánta
información sináptica podría almacenarse en dos áreas diferentes del hipocampo
(la circunvolución dentada y otra llamada CA1), las cantidades variaron de
forma espectacular, lo que puede estar relacionado con las diferencias en sus
funciones.

Con estos resultados, “esperamos explorar muchas preguntas
adicionales como si el aumento en el almacenamiento de información va
acompañado de una disminución compensatoria en la capacidad de almacenamiento de información en las capas adyacentes, y cuánto tiempo dura el aumento temporal de la capacidad de almacenamiento en sinapsis particulares”, concluye Cailey Bromer, investigador asociado de Salk y primer autor del estudio.

De todas formas, al parecer estos descubrimientos mostrarían que
el uso de la memoria en un aspecto particular, si bien conlleva pérdida o
debilitamiento para otros aspecto o contenido, mejora la capacidad total de
almacenamiento. Tiene cierta lógica: si amplio una parte de mi casa, usaré
menos alguna otra parte ya existente, pero la casa entera podría funcionar de
manera más eficiente o amplia.

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Información extraída de Selecciones.co.ar